Ángeles Madrigal
Executive Search Member INAC Global, Diversity & Inclusion Strategist, Coach Ontologico, People Growth, Conferencista, Advisory Board, Desarrollo de Líderes.
El otro día hablaba con el Director General de una empresa industrial sobre las habilidades STEM, aquellas que están moldeando con más fuerza el futuro, y cómo, si dejamos de lado la perspectiva femenina, el potencial transformador y la innovación en campos como la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas se quedan a medias.
Conversábamos también sobre esas barreras invisibles que nos rodean, donde a muchas niñas, por ejemplo, se les tramite la idea de que las carreras técnicas son “cosas de niños”. Los estereotipos de género, a menudo sutiles e impregnados en nuestra cultura, se transforman en barreras muy difíciles de derribar, frenando sueños y limitando la diversidad de pensamiento que tanto necesitan las empresas y la sociedad.
Durante nuestra conversación, ambos coincidimos que el reto no es simplemente sumar más mujeres a las disciplinas STEM, sino cambiar la narrativa desde la raíz, empezando por la educación infantil. Sin embargo, en lo que atañe a nuestro liderazgo, el cambio realmente comienza desde arriba.
Como líderes tenemos la responsabilidad de transformar no solo políticas, sino también la cultura interna de nuestras organizaciones. Está comprobado -y yo misma lo he comprobado- que cuando un equipo es diverso, la creatividad y la capacidad para resolver desafíos complejos se multiplican. Adoptar un liderazgo inclusivo implica comprometerse éticamente con un futuro en el que todas las personas se sumen a la innovación. No se trata de cumplir con una tendencia, sino de construir entornos donde el talento femenino sea parte integral del desarrollo y la toma de decisiones.
Vimos también que, si queremos generar el cambio, es imprescindible empezar a actuar con decisión y transformar los modelos que han mantenido por años la exclusión. Les comparto algunas de las estrategias que definimos juntos, y que estoy segura compartirán conmigo que son parte de lo que se debe hacer.
- Es fundamental construir redes de apoyo, donde las profesionales consolidadas en STEM compartan sus experiencias y abran puertas a nuevas generaciones. El objetivo de este acompañamiento es reforzar la confianza y permitir que las mujeres se proyecten hacia roles de liderazgo.
- Las empresas deben revisar sus procesos de selección y promoción para eliminar sesgos inconscientes. La formación constante en diversidad e inclusión puede transformar la cultura organizacional, asegurando que cada idea y talento se valore por su mérito y no se vea opacado por prejuicios de género.
- Invertir en planes de carrera flexibles y en programas de capacitación que consideren las distintas etapas de la vida profesional de cada mujer. Esto con la finalidad no solo de potenciar el talento, sino también garantizar un crecimiento sostenido a lo largo del tiempo para permitir que más mujeres consoliden sus carreras en roles estratégicos.
- Difundir y reconocer públicamente los logros de las mujeres en STEM para inspirar a nuevas generaciones. Las historias de éxito tienen el poder de cambiar percepciones y motivar a que más niñas y jóvenes se animen a seguir caminos que antes parecían inalcanzables.
Cerrar la brecha de género en las disciplinas STEM es un proceso continuo y que exige compromiso, inversión y, sobre todo, valentía para cuestionar lo que está impregnado. Es voltear la moneda y ver el potencial completo, porque al final la verdadera innovación se da cuando se suman ambas caras de la moneda.