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Un buen Consejo no se mide solo en EBITDA.

CONSEJO
15 de abril de 2026 por
MARIA DE LOS ANGELES MADRIGAL RICO



Ángeles Madrigal

Executive Search Member INAC Global, Diversity & Inclusion Strategist, Coach Ontologico, People Growth, Conferencista, Advisory Board, Desarrollo de Líderes.

Conversando con un CEO sobre su experiencia con Consejos, le pregunté…

¿Cómo sabes si tu Consejo está funcionando bien?

Su respuesta fue inmediata:

“Porque los resultados están bien.”

Para mí fue una señal de alarma.  Sí, en apariencia, eso es suficiente, pero lo cierto es que muchas organizaciones evalúan la calidad de su Consejo mirando el resultado… cuando realmente el verdadero valor del Consejo ocurre mucho antes de que ese resultado aparezca.  Al final, el EBITDA es la consecuencia y no el proceso, y cuando solo medimos el resultado, dejamos de ver algo que es mucho más relevante:

La calidad de las decisiones que lo hicieron posible.

Durante años, los Consejos han sido evaluados tomando en cuenta:

  • Si los números están bien, el Consejo funciona.
  • Si los resultados acompañan, la Junta agrega valor.

El problema es que esa lógica tiene un límite, porque existen decisiones que parecen correctas en el corto plazo y que en el tiempo terminan revelando sus costos.

Por otro lado, existen Consejos que acompañan los resultados sin necesariamente haber elevado la calidad del pensamiento estratégico detrás de ellos.

Ahí es donde empieza la diferencia.

Un buen Consejo no se mide solo en EBITDA, sino en la forma en que influye en la calidad de las decisiones cuando todavía hay margen para pensar mejor.  Y eso no siempre se ve en los reportes, al contrario, se ve en si…

  • El Consejo está cuestionando los supuestos correctos o solo validando lo que ya se decidió.
  • La conversación se queda en el corto plazo o abre escenarios que aún no son evidentes.
  • El CEO sale de la Junta con confirmación o con una mejor forma de pensar lo que viene.
  • El Consejo anticipa riesgos o los explica después.
  • La discusión eleva el criterio o simplemente ordena la información.

En este sentido, el verdadero aporte de un Consejo no es acompañar resultados, sino mejorar decisiones antes de que esas decisiones se conviertan en resultados.

En simples palabras, cuando la conversación cambia completamente de estar solo en “cómo vamos”, y pasa a estar en “cómo estamos decidiendo”, el Consejo deja de ser un espacio de seguimiento y se convierte en un espacio de pensamiento estratégico real.

Por supuesto, como lo he dicho en artículos anteriores, esto implica también un cambio para el CEO, porque exige empezar a observar cosas menos tangibles, pero mucho más determinantes:

  • ¿Qué conversaciones estamos teniendo y cuáles no?
  • ¿Qué preguntas están apareciendo en la mesa?
  • ¿Qué decisiones estamos elevando y cuáles estamos simplemente confirmando?
  • ¿Dónde el Consejo está agregando perspectiva y dónde solo está acompañando?

Cuando estas preguntas entran en la dinámica, el Consejo empieza a ser un espacio que amplía, desafía y anticipa.

En resumen, un buen Consejo no se mide solo por el EBITDA que acompaña, sino por la calidad de decisiones que ayuda a construir, porque los resultados pueden confirmar el pasado, pero es la calidad del pensamiento lo que define el futuro.

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